La crucifixión de Clío
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La espada y la cruz ¡y qué cruz! (I)

Desde que los kioscos se han convertido en algo así como librerías de guardias, raro es el día que no encuentro algo para mi biblioteca. La última adquisición han sido los ocho primeros libros de la colección La Puerta del Misterio, dirigida por el doctor Jiménez del Oso y coordinada por Lorenzo Fernández Bueno, es decir que todo queda en casa, en este caso en la revista Enigmas.

Entre los autores que figuran o figurarán en ella, están viejos conocidos como Bruno Cardeñosa, Miguel Blanco, José Gregorio González, Santiago Camacho y Juan Antonio Cebrián además del director y del coordinador de la colección.

Ya iremos hablando de los títulos que toquen temas históricos. Para ir abriendo boca, comenzaremos la serie de críticas con el número 6, La Espada y la Cruz. Tras las huellas de los Templarios en España. (editorial Nowtilus S. L. Madrid, 2002) del que es autor D. Xavier Musquera que ...ha difundido sus estudios en prestigiosas publicaciones especializadas como Asturias Aventura, Año Cero, Más Allá, Enigmas, Vivir la arqueología, o Asturies y Arqueo. Con esta presentación, nadie podrá llamarse a engaño del contenido, pero por si quedaba alguna duda, en la larguísima sección de agradecimientos figura: A Juan García Atienza y Rafael Alarcón Herrera , que, con sus obras, han sabido despertar el interés por la Orden del Temple.

Comienza la cosa con unas palabras del doctor Jiménez del Oso: La experiencia ha venido a demostrar que allí donde existe una construcción templaria hubo en tiempos pretéritos un santuario pagano o es zona que desde antiguo se asocia con lo extraordinario. En uno de los libros de la colección, Juan Ignacio Cuesta se ocupa de los "lugares de poder", así que no me extenderé en ello, pero parece clara la relación de determinados enclaves, ya sea por razones telúricas o de otro tipo, con la espiritualidad, como si en ellos se dieran circunstancias que afectan sutilmente al cerebro, favoreciendo esos estados alterados de conciencia a los que antes aludía. (Pág. 16) Bueno, me gustaría saber qué experiencia es la que se puede tener sobre hechos sucedidos hace 700 o más años, así cómo la identidad de esas extrañas "razones telúricas" que, sospecho, estén relacionadas con la inexistente "energía telúrica" a la que tan frecuentemente citan los escribidores sobre templarios esotéricos aunque, por descontado, ninguno de ellos haya comenzado por el principio, por la demostración de su existencia. En lo único que estoy de acuerdo con el Dr. Jiménez del Oso en con la existencia de estados alterados de conciencia en los lugares supuestamente (o realmente) templarios. Después de haber contemplado como un grupo de aprendices de zahorí se desvivían intentando localizar energías telúricas en una iglesia templaria, resultaría difícil negar su aseveración.

Después de tan "atinado" prólogo, comienza la obra en sí. No cabe duda de que muchos enigmas envolvieron a la Orden. Sus conocimientos eran transmitidos oralmente, tal y como se hacía tradicionalmente desde la más remota antigüedad, y en consecuencia no estaban reflejados en documento alguno. (Pág. 19) Uyyy, ¡qué mal huele esto! Parece una justificación ante el lector para realizar cualquier tipo de afirmación sin pruebas. No, es que como el conocimiento se transmitía oralmente, por eso no existe ningún documento que podamos citar en apoyo a la tesis...

Temor que no tardará en quedar confirmado: Esquemas establecidos e ideas preconcebidas son el lastre de una enseñanza oficial, académica y conservadora. A pesar de que la base de toda investigación es el estudio de documentos, ésta no puede cimentarse única y exclusivamente en la búsqueda por archivos y bibliotecas. Los documentos forman parte de una verdad; pero no son toda la verdad (Pág. 19-20) Diga Vd. que sí. El recuerdo de que existe un método histórico que comienza por la recopilación de la documentación, prosigue por la crítica de tales documentos y termina por su organización es algo "oficial, académico y conservador". En realidad, Sr. Musquera, lo que es conservador es olvidarse de ello, porque es hacer retroceder la Historiografía a la época egipcia, babilónica... cuando no importaba que la Historia se sujetara a la realidad objetiva sino que era fruto de la subjetividad del historiador.

Conscientes o no, están en contra de todo aquello que no esté avalado y documentado, cuando, en realidad, lo que aparece como ajeno a la historia es aquello que la ha configurado. (Pág. 20) La frase queda muy bonita, pero no por ello es menos absurda. Cuando uno quiere hablar de algo que cree sin estar avalado ni documentado, queda el recurso de escribir una novela, lo que no hará nunca, es escribir historia sino pura y simple pseudohistoria.

Después de un capítulo dedicado a la historia del Temple comienza por la significación de los templos (en general) y de los cristianos en particular: El románico es tal vez uno de los estilos en los que más abundan la representación de animales. Una fauna casi infinita desfila ante los ojos de aquel que contempla capiteles, metopas, canecillos y todos aquellos elementos arquitectónicos que son considerados como ornamentales. Es entonces cuando los gremios artesanales de los maestros constructores entran en escena y ofrecen al buscador de verdades trascendentes las claves necesarias para adquirir saberes y conocimientos vetados para la época. (Pág. 43) Vetados pero menos, suponemos, porque en los Bestiarios medievales se habla claramente de la significación simbólica de los distintos animales tanto reales como imaginarios. Ocasión tendremos de hablar del tema más adelante.

Aquellos que participan en su realización lo hacen conscientes de la existencia de una doble lectura: la primera va dirigida al pueblo llano, la segunda a los iniciados. Con la primera, el clero asegura su poder temporal y espiritual, que se consagra únicamente en las enseñanzas religiosas. La segunda, secreta, permite a los hermetistas leer en la piedra esculpida los arcanos de la gran obra alquímica. Bonito revival de Fulcanelli, Charpentier y tantos otros "investigadores" para los que los monumentos medievales contenían claves alquímicas para los iniciados. Lo que les falló a ambos (y a los demás) es que en la Edad Media la alquimia no era algo que se transmitiera de forma subterránea ya que, por ejemplo, se estudiaba en Toledo. Allí tradujo Juan Hispano al latín El Secreto de los Secretos, allí vivió Gerardo de Cremona, se tradujeron los Ochenta y ocho experimentos naturales de Rasis... no parece muy lógico que si los textos se traducían de los originales griegos y árabes al latín lo que contribuía a su mayor difusión, a la vez se empleara una simbología hermética sólo para iniciados en los monumentos.

Los Hijos del Maestro Jacques, corriente que tal vez impulsó las catedrales de Chartres, Amiens y Reims, así como la impronta que dejarían a lo largo del camino de peregrinación a Santiago. Cuenta la tradición que el maestro Jacques, nacido en una pequeña localidad del Midi francés denominada Carte, la actual Saint-Romilly, fue hijo del maestro de obras Jacquin, que alcanzó el grado de maestro tras sus viajes a Egipto, Grecia y Jerusalén, donde habría realizado las dos columnas del Templo de Salomón, una de las cuales es denominada la columna de Jacquin. La tradición masónica puede decir lo que quiera y Charpentier repetir lo que le plazca, pero eso no pasa de ser un disparate de tal calibre que casi no merece comentario. ¿Cómo es posible que el padre de un constructor francés fuera el constructor de las columnas del Templo de Salomón en el S X a. de C.?

Finalmente está la corriente conocida como los Hijos de Salomón, cercana a la Orden del Císter y en consecuencia a la Orden del Temple. Esa rama gremial ha sido considerada la impulsora del Estilo Gótico. Tras la disolución de los templarios en el S XIV, estos constructores pasaron a la clandestinidad y se tiene la sospecha de que algunos de ellos se integraron en la francmasonería, origen de la masonería moderna. (Pág. 46) Creo que es difícil hacer más afirmaciones sin pruebas en menos espacio. El estilo cisterciense no es gótico, por tanto una sociedad de constructores supuestamente vinculada al Císter (¿dónde están las pruebas de que así fuera?) mal podría ser considerada como impulsora del estilo gótico. Sobre las "grandiosas" construcciones góticas templarias recomiendo la lectura de las páginas 174-178 de la obra Auge y caída de los Templarios de Alain Demurger (Editoral Martínez Roca. Barcelona, 2000) en la que deja claro mediante el estudio de las iglesias auténticamente templarias que esta orden no innovó nada arquitectónicamente hablando, se basó para sus templos en modelos ya existentes. Por otra parte, cualquier supuesto gremio vinculado a ellos no tenía ninguna necesidad de pasar a la clandestinidad. Con la excepción de Francia y algunas zonas de Italia, los templarios no fueron perseguidos tras su disolución papal.

Continuará

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